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  • Javier Bolaños

mi realidad en un sueño



Hoy he soñado un mundo maravilloso, en el que la fuerza del mar, un mar inmenso e intimidante, rompía a la vez que convivía con la tierra. Además, este mar se adentraba dócilmente en una bonita orbe aledaña, bañando estructuras óseas de antiquísimos animales, más parecidos a dragones que a dinosaurios, y cuyas estructuras óseas eran como escamas pulidas a la perfección por el continuo rozamiento del agua salada.


A medida que me adentraba en sus aguas y casualmente rozaba eses suaves huesos, el paisaje iba transformándose. Del inicial entorno rocoso de la orilla rompiente del mar, a uno más vegetal y calmado. Como si a éstas ancestrales criaturas solo les llegara la caricia respetuosa del poderoso mar.


Una calma transmitida a través del agua y de los propios espíritus de aquellas criaturas, que llegaba con claridad hasta mi ser, empapándome de una paz que bloqueaba el miedo que debería haber surgido en ese tétrico y a la vez bello lugar.


Adentrándome en sus aguas, con mochila a la espalda, experimentaba una extraña sensación de obligada flotabilidad y ausencia de temperatura. Solo navegaba con mi cuerpo adentrándome en un lugar cada vez más obscuro, donde el final de lo que alcanzaba mi vista era la nada. O quizá el todo. Un espacio negro y opaco en el que no se distinguía ni un ínfimo punto de luz. Donde ya no se discernía entre lo que era masa de agua, roca y el mismísimo cielo. El fin y el principio del todo.

En ese momento, me dispuse a dar media vuelta y volver por el mismo camino. No había avanzado apenas dos metros y el entrono recuperaba su luz natural, aunque más tenue por la invasión de la puesta de sol.


A mi vuelta, parecía que el mar había amainado y que al camino de retorno lo envolvía una halo de paz y tranquilidad.


Ya en zona de tierra, mientras caminaba chorreando los restos del agua salada que mi ropa contenía, vi a lo lejos aquella mujer que me indicó atentamente dónde estaba el mar. Un lejano saludo cerró aquel momento, en el que yo continué mi camino hacia un nuevo mundo, alguno dentro de éste o, quizá, el despertar.


Javier Bolaños

14-8-2016

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